América Latina, Sudamérica

Ecuador apuesta por la militarización: ¿medida de seguridad o desarticulación de la movilización social?

El pasado 30 de abril de 2019, se aprobó en el seno de la Asamblea Nacional del Ecuador una resolución a favor de la presencia de militares en las calles con el  fin de reducir la inseguridad, el narcotráfico y la violencia. Las fuerzas armadas se sumarían a las tareas de la Policía Nacional para garantizar el orden público y garantizar la seguridad de la ciudadanía.

La probación se generó por unanimidad, asegurando que es una medida indispensable para hacer frente a los indicadores de inseguridad que se están incrementando en ese país sudamericano.
La iniciativa fue presentada por el Partido Social Cristiano, fuerza política que quedó mejor posicionada después de las elecciones del 24 de marzo, al obtener 8 de las 23 prefecturas del país, solicitando así al Presidente Lenin Moreno, que en conjunto con la resolución se realicen mesas técnicas de trabajo, con el objetivo de diseñar las políticas públicas correspondientes con la participación de otras entidades institucionales como el Ministerio del Interior, el Poder Judicial, los Gobiernos Autóctonos Descentralizados, entre otros.

En síntesis, su propuesta es robustecer la matriz de seguridad mediante la complementariedad de la policía y los militares. Sin embargo, es importante considerar que el ámbito de competencia de las fuerzas armadas es totalmente distinto al de la policía, los primeros se encuentran en una dinámica de resguardo de la seguridad nacional, lo que implica que están entrenados para hacer frente a amenazas externas que puedan vulnerar al Estado; mientras los segundos están dedicados a la protección de la ciudadanía. Las tareas no son complementarias, más bien, se encuentran en ordenes diferentes y jerarquías distintas, lo cual puede generar severas consecuencias para la población.

La decisión se suma a una dinámica que se ha presentado adversa para la población ecuatoriana debido al Acuerdo que negoció el Gobierno de Ecuador con el Fondo Monetario Internacional (FMI), concretado con la firma de la Carta de Intención, documento que detalla las obligaciones y derechos de las partes, el 11 de marzo de 2019, por un préstamo de $4,200 millones de dólares en tres años, en el que a cambio se comprometió a realizar una serie de ajustes estructurales en materia fiscal, financiera y laboral.

El Plan de Ajuste Estructural es parte de la misma receta que recomienda el FMI pese a que en varios de los países donde se ha aplicado no haya funcionado, particularmente, porque las medidas que se recomiendan están en función de garantizar el pago de la deuda aunque eso implique severas consecuencias en materia social para los países firmantes. En el caso de Ecuador, gran parte de las medidas que debe realizar en breve están relacionadas con el diseño de una Ley de Trabajo más flexible, se han incrementado los despidos, primordialmente en las dependencias públicas como medida de reducción del gasto público, se generó el acuerdo ministerial No. 0245 – 2019, a través del cual  se estableció una reducción de pago mensual a los estudiantes de medicina que realizan internados en los hospitales públicos.

Esas decisiones han provocado la convocatoria de manifestaciones de diferentes sectores a las afueras del Palacio Nacional, que parecen ir en aumento al reclamar sus derechos y mostrar su descontento frente a las medidas de austeridad que el gobierno está adoptando. La manifestación del pasado 16 de abril de 2019, por ejemplo, fue dispersada con gas lacrimógeno por parte de la policía. Lo que hace pensar que existe una alta probabilidad de que la apuesta a mayor presencia policiaca se haga realidad, así como hacer efectiva la resolución de la Asamblea Nacional al militarizar las calles, como parte de una estrategia de seguridad ciudadana, la cual tiene como fin frenar el intento de reorganización social, no olvidemos que Ecuador es un país que se caracterizó por algunos años en quitar presidentes, Lucio Gutiérrez (2002-2005), Jamil Mahuad (1998-2000), Abdalá Bucaram Ortíz (1996-1997), un riesgo que eminentemente no quiere correr Lenin Moreno.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s